Sin duda, la escritura nos permite plasmar lo que sentimos o pensamos en un cierto momento, como lo puede hacer la palabra hablada. Pero tiene varias particularidades añadidas que le dan un valor único: te permite ser más reflexivo y menos impetuoso o desmedido y deja un legado para el trascurso de tiempo.
Desde este momento quiero retomar un trabajo que dejé aparcado hace alrededor de 20 años cuando comencé a escribir un precario blog de aquellos que se podían hacer por aquel entonces. No recuerdo ni cual era la dirección ni tengo idea de si podría recuperarlo de algún modo. Por ello voy a comenzar de nuevo.
Me gustaría compartir con vosotr@s algunos de los escritos de mi padre, todos ellos editados en algunos libros que mi hermano se encargo de publicar. Para mí será recordarle un poco más, para vosotros una oportunidad de conocerle.
Hay que tener en cuenta que estos escritos los comenzó a realizar tras su jubilación. Durante su vida anterior, trabajando, manteniendo una familia, quizá le fue imposible realizarlo. Posiblemente encuentres algunos de ellos muy infantiles, otros muy simples y otros anticuados en cuanto a su trasfondo, pero os puedo asegurar que me siento enormemente orgulloso de la labor que realizó, sobretodo teniendo en cuenta el nivel de estudios al que pudo llegar durante su juventud.
Con todo mi cariño y en su memoria... Comenzamos!!!
DE
LOS MAYORES
Si
llegando a cierta edad
veis
que arreglo documentos,
averiguo
mi pensión
más
algún emolumento,
y
vengo a los pensionistas
buscando
un rato de asueto
para
distraer el ocio...
¡Por
Dios no me llaméis viejo!
Si
jugamos a las cartas,
o
en el billar me entretengo,
o
al dominó, o a las damas,
o
un libro para leerlo
en
este oasis de paz...
¡Por
Dios no me llaméis viejo!
Si
doy la vuelta a los puentes
con
todos mis compañeros
voy
mirando escaparates,
y
aquí y allá me entretengo
agotado
de cansancio...
¡Por
Dios no me llaméis viejo!
Si
me flaquean las piernas
y
voy medio contrahecho;
si
me apoyo en dos bastones
porque
caminar no puedo
llevado
siempre del brazo...
¡Por
Dios no me llaméis viejo!
Si
encorvado me veis ir
por
no resistir el peso
de
los años que en mi espalda
dan
cuenta de mi trasiego,
y
no puedo enderezarme...
¡Por
Dios no me llaméis viejo!
Si
ya nos tiemblan las manos
y
nos blanquea el cabello,
y
tenemos cataratas
que
a dos pasos ya no vemos,
y
nuestra dicción es torpe...
¡Por
Dios no nos llaméis viejos!
Porque
viejos no lo somos,
el
corazón nuca es viejo,
el
corazón siempre os ama,
el
corazón es travieso;
no
se puede envejecer
que
nuestro amor es eterno.
Se
quiere a las amistades,
se
ama a los a compañeros,
y
el amor flota en el aire
y
siempre queda el recuerdo.
Por
eso viejos no somos,
nosotros
somos abuelos,
abuelos
para los hijos,
abuelos
de nuestros nietos,
tío
abuelo del sobrino,
que
el cariño que os tenemos
nunca
puede envejecer
porque
el amor es eterno.
Viejos
no lo somos nadie,
todos
somos los abuelos,
con
un corazón tan grande
que
desborda nuestro pecho.
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