jueves, 2 de agosto de 2018

Recuerdo escrito de mi Papá (1)

En gran medida fue, en los tiempos en que mi padre comenzó a escribir, cuando nació en mí la misma necesidad que a él se le había planteado: dejar parte de sus vivencias y pensamientos para los que viniéramos detrás.

Sin duda, la escritura nos permite plasmar lo que sentimos o pensamos en un cierto momento, como lo puede hacer la palabra hablada. Pero tiene varias particularidades añadidas que le dan un valor único: te permite ser más reflexivo y menos impetuoso o desmedido y deja un legado para el trascurso de tiempo.

Desde este momento quiero retomar un trabajo que dejé aparcado hace alrededor de 20 años cuando comencé a escribir un precario blog de aquellos que se podían hacer por aquel entonces. No recuerdo ni cual era la dirección ni tengo idea de si podría recuperarlo de algún modo. Por ello voy a comenzar de nuevo.

Me gustaría compartir con vosotr@s algunos de los escritos de mi padre, todos ellos editados en algunos libros que mi hermano se encargo de publicar. Para mí será recordarle un poco más, para vosotros una oportunidad de conocerle.
Hay que tener en cuenta que estos escritos los comenzó a realizar tras su jubilación. Durante su vida anterior, trabajando, manteniendo una familia, quizá le fue imposible realizarlo. Posiblemente encuentres algunos de ellos muy infantiles, otros muy simples y otros anticuados en cuanto a su trasfondo, pero os puedo asegurar que me siento enormemente orgulloso de la labor que realizó, sobretodo teniendo en cuenta el nivel de estudios al que pudo llegar durante su juventud.

Con todo mi cariño y en su memoria... Comenzamos!!!


DE LOS MAYORES

    Si llegando a cierta edad
veis que arreglo documentos,
averiguo mi pensión
más algún emolumento,
y vengo a los pensionistas
buscando un rato de asueto
para distraer el ocio...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si jugamos a las cartas,
o en el billar me entretengo,
o al dominó, o a las damas,
o un libro para leerlo
en este oasis de paz...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si doy la vuelta a los puentes
con todos mis compañeros
voy mirando escaparates,
y aquí y allá me entretengo
agotado de cansancio...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si me flaquean las piernas
y voy medio contrahecho;
si me apoyo en dos bastones
porque caminar no puedo
llevado siempre del brazo...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si encorvado me veis ir
por no resistir el peso
de los años que en mi espalda
dan cuenta de mi trasiego,
y no puedo enderezarme...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si ya nos tiemblan las manos
y nos blanquea el cabello,
y tenemos cataratas
que a dos pasos ya no vemos,
y nuestra dicción es torpe...
¡Por Dios no nos llaméis viejos!

    Porque viejos no lo somos,
el corazón nuca es viejo,
el corazón siempre os ama,
el corazón es travieso;
no se puede envejecer
que nuestro amor es eterno.

    Se quiere a las amistades,
se ama a los a compañeros,
y el amor flota en el aire
y siempre queda el recuerdo.

    Por eso viejos no somos,
nosotros somos abuelos,
abuelos para los hijos,
abuelos de nuestros nietos,
tío abuelo del sobrino,
que el cariño que os tenemos
nunca puede envejecer
porque el amor es eterno.

    Viejos no lo somos nadie,
todos somos los abuelos,
con un corazón tan grande
que desborda nuestro pecho.


Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)

No hay comentarios:

Publicar un comentario