Con vuestro permiso me la dedico...
LA ILUSIÓN
He decidido contaros una historia
en la que tuvo su parte el dios cupido,
que llevo retenida en la memoria
por habérmela contado un conocido.
Dos amigos, muy amigos, desde niños,
llegada a la edad de adolescentes
con sus gracias, con sus juegos, y sus guiños
conquistaron a dos chicas muy decentes.
Pasado algún tiempo desde el día
en el que ambos empezaron relaciones,
uno de ellos obligado marcharía
con sus padres a vivir a otras regiones.
Si la ausencia es la madre del olvido
en este caso cumpliose la sentencia,
pues el joven apartado y distraído
con el tiempo olvidole la querencia.
Mas ser joven sin tener un amorío
en el pueblo o lugar que se divierte,
es prohibirle al valiente un desafío
desear que la fortuna tenga suerte.
Pues según a su amigo le contaba
con misivas que escribía alegremente
a una joven hermosa enamoraba,
le decía muy alegre y confidente.
Con elogios y piropos desmedidos
rellenaba con su pluma los papeles,
que aguantaban con paciencia muy sufridos
los pinchazos que les daba tan crueles.
El amigo que leía y releía
y volvía a leer muy asombrado,
no acertaba a comprender lo que veía
en las cartas de su amigo enamorado.
"Es el cielo en este mundo, -le decía-,
es la gloria en el infierno, estoy seguro,
es el Sol en plenitud de mediodía,
es un ángel del Eterno, te lo juro.
Es la sal que sazona los manjares
delicados, que mantienen nuestras vidas,
que sin ella los microbios a millares
llenarían de ponzoña las comidas.
Es la luz cuando nace la alborada,
que sin pausa y creciendo en sus destellos
es ejemplo de mi alma enamorada
que se crece sin pararse, como ellos.
en el pueblo o lugar que se divierte,
es prohibirle al valiente un desafío
desear que la fortuna tenga suerte.
Pues según a su amigo le contaba
con misivas que escribía alegremente
a una joven hermosa enamoraba,
le decía muy alegre y confidente.
Con elogios y piropos desmedidos
rellenaba con su pluma los papeles,
que aguantaban con paciencia muy sufridos
los pinchazos que les daba tan crueles.
El amigo que leía y releía
y volvía a leer muy asombrado,
no acertaba a comprender lo que veía
en las cartas de su amigo enamorado.
"Es el cielo en este mundo, -le decía-,
es la gloria en el infierno, estoy seguro,
es el Sol en plenitud de mediodía,
es un ángel del Eterno, te lo juro.
Es la sal que sazona los manjares
delicados, que mantienen nuestras vidas,
que sin ella los microbios a millares
llenarían de ponzoña las comidas.
Es la luz cuando nace la alborada,
que sin pausa y creciendo en sus destellos
es ejemplo de mi alma enamorada
que se crece sin pararse, como ellos.
Son caricias sus miradas, como diosa,
que al fijar sus bellos ojos en las cosas
las hechiza y las transforma candorosa
y las llena de color como a las rosas.
Son tan dulces sus palabras, que el oído
transportado a las regiones celestiales
de repente se ve absorto y embebido
de sonidos y de notas musicales.
Si el hada en su efigie es perfecta
y en su rostro representa la hermosura
la mujer que yo quiero es indefecta,
pues el hada ha copiado su figura.
Con el brillo que despiden estos ojos
nuestro cosmos encendido ya estuviera,
si no fuera porque siempre sus antojos
amortiguan el poder que Dios les diera.
Amapolas en un fresco amanecer
son los lóbulos de su rostro angelical,
yo los miro y no acierto a comprender
la belleza que no tienen otra igual.
Son sus labios de un color no definido,
que ni rojo, ni amarillo, ni rosado,
son producto del ingenio entretenido
de las ninfas que lo hubieran dibujado.
El color de su tez siempre es moreno,
no precisa del Sol los rayos vivos,
pues al Sol le darían color de heno
los destellos que ella mana reflectivos.
Con el negro relucir de sus cabellos
y los rizos que ellos tienen por natura
no es posible que haya otros como ellos,
pues resaltan y engrandecen su hermosura".
El amigo entusiasmado iba leyendo
y leyendo y releyendo la escritura,
y en secreto en su interior iba diciendo:
"¿es posible en mi amigo tal ventura?
Nunca supe que en mí fuera mentiroso,
y en verdad que la duda a mi me aprieta,
puede ser o no ser tan venturoso,
puede ser que en el juego me entrometa".
Y perplejo en un mar de confusiones
el amigo decidió verlo más claro,
y al que fue con sus padres a otras regiones
escribiole con un poco de descaro:
"Con el tiempo que ya hace no nos vemos
bien podrías invitarme a esos lugares,
y tranquilo tú y yo nos contaremos
nuestras dichas, alegrías y pesares.
Y pesares que a lo visto tú no tienes
según veo en tus noticias celestiales,
sólo cuentas en tus cartas parabienes
de los pocos que gozamos los mortales".
"¿Son verdades, son quimeras, ilusiones?
-se decía y repetía muestro amigo-,
quiero pronto yo aclarar estas cuestiones,
pues presente voy a ser un buen testigo".
Si más pronto recibiera la respuesta
más contento y más ufano se pusiera,
desde el día que le hiciera la propuesta
cavilaba pensativo a su manera.
Y emprendiendo el viaje sin demora
pues para ello le cedieron vacaciones,
recibido a la llegara fue a su hora
asombrado por tan gratas impresiones.
La ilusión de su amigo manifiesta
se veía sin reparos, con euforia,
bien vestido, como en un día de fiesta,
como alma satisfecha ya en la gloria.
Atraviesan por las calles la ciudad
caminando en dirección bien definida,
pues previsto ya estaba en realidad
el lugar en dónde ver su prometida.
Los amigos en cuestión tienen su nombre
aunque esto yo lo hubiera silenciado,
si ahora lo manifiesto no se asombre,
sin quererlo se me había olvidado.
Uno es Pedro, el otro Juan, bien recordado;
el primero que se nombra el visitante,
el segundo es el joven deseado
por la joven, ese ser tan fulgurante.
Y llegados al lugar donde se instala
el amor de ese Juan privilegiado
le decía: "Mira Pedro que zagala
a través de los lienzos y el bordado".
Y diciendo estas palabras se volvía
dirigiendo hacia un balcón los ojos claros,
y a través de los lienzos se veía
aquel rostro con perfiles algo raros.
"Si no tengo yo más luces Juan amigo
de es rostro, de ese cuerpo, de ese talle,
nunca podré jamás ser buen testigo
y prudente habré de ser en el detalle".
"Cuando veas esta tarde su figura
de paseo como siempre es su costumbre,
maravillas tu verás en su hermosura
y apagada quedará tu incertidumbre".
"¿Y al salir de paseo vas con ella?
"No, que sale bien cogida de su madre
y también la acompaña la doncella,
y otras veces con su hermano y con su padre".
"¿Cómo puedes decirme que es tan bella,
tan gentil, tan hermosa y delicada,
si es difícil desde aquí demos con ella
y en la calle la verás muy distanciada?"
"Yo lo intuyo, amigo Pedro, lo imagino,
la ilusión me desvela, me arrebata,
desde lejos yo la veo, lo adivino
y me da una impresión muy noble y grata".
"La ilusión que uno toma es la que quiere
muchas veces Juan amigo, no me extraña
que las cosas las transforme, y las sugiere
a su antojo y su capricho, y nos engaña".
"Esta tarde la veremos, ¡vive Dios!
que si sale de paseo con quien sea,
aseguro que tú y yo, juntos los dos,
probaremos si es muy guapa o es muy fea".
Apostados los amigos en la zona
con el fin de averiguar lo que pudieren,
empezaron ver salir de la casona
a la moza que con ansias verla quieren.
Decepción para Pedro es lo que vieron;
alegría para Juan lo que sugiere;
desengaño que los dos no compartieron;
entusiasmo en el segundo que la quiere.
Pero Pedro desligado de ilusiones
le decía al compañero con ternura,
"Juan, ¿que no ves, a poco que reflexiones
que es muy basta y es muy rara su figura?
Permíteme viejo amigo que te diga
que un junco o una escoba mal vestida
yo observo en el talle de tu amiga,
y además jorobada y encogida.
Por las trazas que yo veo, y no me engaño,
es bien coja de ambas piernas o ambos pies,
se apoya para subir un peldaño
y de ambos lleva un pie casi al revés.
Si se afeita o no se afeita no lo sé,
pero obsérvala con calma y verás
que si lleva mal peinado su tupé
lleva largos los bigotes además.
Con un ojo mira el otro y está claro
que, a no ser por estorbarlo la nariz,
le diría uno al otro sin reparo,
¿cuándo limpias tus legañas, infeliz?
Es una cara tan flaca y tan menguada
que mirando a través de una mejilla
se vería la otra parte iluminada,
aunque fuera con la luz de una cerilla.
Ya no sigo Juan de Dios en mi porfía,
pues mostrando los defectos de tu amada
creerán que me declaro en rebeldía
las mujeres que bien son una monada.
La ilusión es el sostén de nuestras vidas
y no nos deja ver las cosas como son,
las miramos y las vemos contenidas
en el marco en que se envuelve la ilusión".
Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)
que al fijar sus bellos ojos en las cosas
las hechiza y las transforma candorosa
y las llena de color como a las rosas.
Son tan dulces sus palabras, que el oído
transportado a las regiones celestiales
de repente se ve absorto y embebido
de sonidos y de notas musicales.
Si el hada en su efigie es perfecta
y en su rostro representa la hermosura
la mujer que yo quiero es indefecta,
pues el hada ha copiado su figura.
Con el brillo que despiden estos ojos
nuestro cosmos encendido ya estuviera,
si no fuera porque siempre sus antojos
amortiguan el poder que Dios les diera.
Amapolas en un fresco amanecer
son los lóbulos de su rostro angelical,
yo los miro y no acierto a comprender
la belleza que no tienen otra igual.
Son sus labios de un color no definido,
que ni rojo, ni amarillo, ni rosado,
son producto del ingenio entretenido
de las ninfas que lo hubieran dibujado.
El color de su tez siempre es moreno,
no precisa del Sol los rayos vivos,
pues al Sol le darían color de heno
los destellos que ella mana reflectivos.
Con el negro relucir de sus cabellos
y los rizos que ellos tienen por natura
no es posible que haya otros como ellos,
pues resaltan y engrandecen su hermosura".
El amigo entusiasmado iba leyendo
y leyendo y releyendo la escritura,
y en secreto en su interior iba diciendo:
"¿es posible en mi amigo tal ventura?
Nunca supe que en mí fuera mentiroso,
y en verdad que la duda a mi me aprieta,
puede ser o no ser tan venturoso,
puede ser que en el juego me entrometa".
Y perplejo en un mar de confusiones
el amigo decidió verlo más claro,
y al que fue con sus padres a otras regiones
escribiole con un poco de descaro:
"Con el tiempo que ya hace no nos vemos
bien podrías invitarme a esos lugares,
y tranquilo tú y yo nos contaremos
nuestras dichas, alegrías y pesares.
Y pesares que a lo visto tú no tienes
según veo en tus noticias celestiales,
sólo cuentas en tus cartas parabienes
de los pocos que gozamos los mortales".
"¿Son verdades, son quimeras, ilusiones?
-se decía y repetía muestro amigo-,
quiero pronto yo aclarar estas cuestiones,
pues presente voy a ser un buen testigo".
Si más pronto recibiera la respuesta
más contento y más ufano se pusiera,
desde el día que le hiciera la propuesta
cavilaba pensativo a su manera.
Y emprendiendo el viaje sin demora
pues para ello le cedieron vacaciones,
recibido a la llegara fue a su hora
asombrado por tan gratas impresiones.
La ilusión de su amigo manifiesta
se veía sin reparos, con euforia,
bien vestido, como en un día de fiesta,
como alma satisfecha ya en la gloria.
Atraviesan por las calles la ciudad
caminando en dirección bien definida,
pues previsto ya estaba en realidad
el lugar en dónde ver su prometida.
Los amigos en cuestión tienen su nombre
aunque esto yo lo hubiera silenciado,
si ahora lo manifiesto no se asombre,
sin quererlo se me había olvidado.
Uno es Pedro, el otro Juan, bien recordado;
el primero que se nombra el visitante,
el segundo es el joven deseado
por la joven, ese ser tan fulgurante.
Y llegados al lugar donde se instala
el amor de ese Juan privilegiado
le decía: "Mira Pedro que zagala
a través de los lienzos y el bordado".
Y diciendo estas palabras se volvía
dirigiendo hacia un balcón los ojos claros,
y a través de los lienzos se veía
aquel rostro con perfiles algo raros.
"Si no tengo yo más luces Juan amigo
de es rostro, de ese cuerpo, de ese talle,
nunca podré jamás ser buen testigo
y prudente habré de ser en el detalle".
"Cuando veas esta tarde su figura
de paseo como siempre es su costumbre,
maravillas tu verás en su hermosura
y apagada quedará tu incertidumbre".
"¿Y al salir de paseo vas con ella?
"No, que sale bien cogida de su madre
y también la acompaña la doncella,
y otras veces con su hermano y con su padre".
"¿Cómo puedes decirme que es tan bella,
tan gentil, tan hermosa y delicada,
si es difícil desde aquí demos con ella
y en la calle la verás muy distanciada?"
"Yo lo intuyo, amigo Pedro, lo imagino,
la ilusión me desvela, me arrebata,
desde lejos yo la veo, lo adivino
y me da una impresión muy noble y grata".
"La ilusión que uno toma es la que quiere
muchas veces Juan amigo, no me extraña
que las cosas las transforme, y las sugiere
a su antojo y su capricho, y nos engaña".
"Esta tarde la veremos, ¡vive Dios!
que si sale de paseo con quien sea,
aseguro que tú y yo, juntos los dos,
probaremos si es muy guapa o es muy fea".
Apostados los amigos en la zona
con el fin de averiguar lo que pudieren,
empezaron ver salir de la casona
a la moza que con ansias verla quieren.
Decepción para Pedro es lo que vieron;
alegría para Juan lo que sugiere;
desengaño que los dos no compartieron;
entusiasmo en el segundo que la quiere.
Pero Pedro desligado de ilusiones
le decía al compañero con ternura,
"Juan, ¿que no ves, a poco que reflexiones
que es muy basta y es muy rara su figura?
Permíteme viejo amigo que te diga
que un junco o una escoba mal vestida
yo observo en el talle de tu amiga,
y además jorobada y encogida.
Por las trazas que yo veo, y no me engaño,
es bien coja de ambas piernas o ambos pies,
se apoya para subir un peldaño
y de ambos lleva un pie casi al revés.
Si se afeita o no se afeita no lo sé,
pero obsérvala con calma y verás
que si lleva mal peinado su tupé
lleva largos los bigotes además.
Con un ojo mira el otro y está claro
que, a no ser por estorbarlo la nariz,
le diría uno al otro sin reparo,
¿cuándo limpias tus legañas, infeliz?
Es una cara tan flaca y tan menguada
que mirando a través de una mejilla
se vería la otra parte iluminada,
aunque fuera con la luz de una cerilla.
Ya no sigo Juan de Dios en mi porfía,
pues mostrando los defectos de tu amada
creerán que me declaro en rebeldía
las mujeres que bien son una monada.
La ilusión es el sostén de nuestras vidas
y no nos deja ver las cosas como son,
las miramos y las vemos contenidas
en el marco en que se envuelve la ilusión".
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