DIÁLOGO ENTRE LA HONRADEZ
Y LA MALDAD
Y LA MALDAD
Se encontraron una vez
en cierta parte del mundo
la maldad y la honradez,
y hablaron con sensatez
y con sentido profundo.
Pues las dos coincidieron
con razonamiento serio,
que aunque no lo previnieron
actitudes repartieron,
pues ese era su criterio.
Porque lo que honrado no es
según el comportamiento
con la maldad es cortés,
y sea antes o después
con ella hay entendimiento.
Las partes no son iguales
en el reparto que hicieron;
la honradez tomó retales
que valen pocos caudales,
y que muy poco crecieron.
La maldad tomó sin tino
lo que quiso para si,
y al igual que un torbellino
domina con desatino
cuanto tenemos aquí.
La honradez con sus migajas
nunca levanta cabeza,
pues por no robar alhajas
no le alcanzaban las "rodajas"
y siempre estaba en la pobreza.
Dice estar siempre contenta
con lo que toma o le dan
con lo que toma o le dan
y nunca pasa una afrenta,
pues ella no se atormenta
con los pecados de Adán.
Con saludable estrechez,
con la conciencia tranquila
siempre vive la honradez,
y puede con altivez
y puede con altivez
decir que a nadie aniquila.
Mas no es así la maldad
que se ufana y se rebela,
nunca tuvo caridad
con nadie en la humanidad
y a cualquiera desmantela.
Engaña al rico y al pobre,
al que es grande y al pequeño,
al que le falte o le sobre,
engaña con oro y cobre,
que ese fue siempre su sueño.
Atropella sin piedad,
siempre quiere la razón,
destruye la sociedad,
y tal es su ceguedad
que ya perdió el corazón.
"Bien, el reparto lo hicimos"
-dijo un día la honradez-,
"¿y por qué no corregimos
lo que entonces repartimos
con tan poca sensatez?".
Y la maldad con orgullo
respondió: "¿¿qué tú no ves
que es verdad de perogrullo
que aunque sólo de un capullo
más pobre seré después?".
"Tú no engañas, tú no matas,
siempre vas con lealtad,
tú ni robas ni maltratas,
con tus conductas sensatas
¿quieres rentabilidad?".
"Haz como yo que no miro
quienes son los engañados,
y a cualquiera le retiro
en menos que da un suspiro
todos los bienes ganados".
"Eres leal, eres buena,
¿de qué sirve en la vida?,
te lo digo como suena,
si no tomas cosa ajena
¿cómo te verás crecida?".
Pero la otra, la honradez,
que no le falta bravura,
con valor, con altivez,
y hablando con sensatez
le dijo con amargura:
"Sigue y anda tu camino,
que en el correr de la vida
tú no vales ni un comino,
porque siempre es un desatino
tener el alma perdida.
Pues tú misma lo pregonas,
que andando con tus afanes
de tener mucho blasonas,
y engañando lo amontonas
aunque un ochavo no ganes.
¿No te da vergüenza, di,
que media humanidad, más,
porque es más de media, sí,
no tenga un maravedí
y tú todo lo demás?
¿Y nunca te da un sonrojo
que muera de hambre la gente
porque te das al despojo
en tu capricho y antojo
de robar impunemente.
Rectifica, es tu deber,
Engaña al rico y al pobre,
al que es grande y al pequeño,
al que le falte o le sobre,
engaña con oro y cobre,
que ese fue siempre su sueño.
Atropella sin piedad,
siempre quiere la razón,
destruye la sociedad,
y tal es su ceguedad
que ya perdió el corazón.
"Bien, el reparto lo hicimos"
-dijo un día la honradez-,
"¿y por qué no corregimos
lo que entonces repartimos
con tan poca sensatez?".
Y la maldad con orgullo
respondió: "¿¿qué tú no ves
que es verdad de perogrullo
que aunque sólo de un capullo
más pobre seré después?".
"Tú no engañas, tú no matas,
siempre vas con lealtad,
tú ni robas ni maltratas,
con tus conductas sensatas
¿quieres rentabilidad?".
"Haz como yo que no miro
quienes son los engañados,
y a cualquiera le retiro
en menos que da un suspiro
todos los bienes ganados".
"Eres leal, eres buena,
¿de qué sirve en la vida?,
te lo digo como suena,
si no tomas cosa ajena
¿cómo te verás crecida?".
Pero la otra, la honradez,
que no le falta bravura,
con valor, con altivez,
y hablando con sensatez
le dijo con amargura:
"Sigue y anda tu camino,
que en el correr de la vida
tú no vales ni un comino,
porque siempre es un desatino
tener el alma perdida.
Pues tú misma lo pregonas,
que andando con tus afanes
de tener mucho blasonas,
y engañando lo amontonas
aunque un ochavo no ganes.
¿No te da vergüenza, di,
que media humanidad, más,
porque es más de media, sí,
no tenga un maravedí
y tú todo lo demás?
¿Y nunca te da un sonrojo
que muera de hambre la gente
porque te das al despojo
en tu capricho y antojo
de robar impunemente.
Rectifica, es tu deber,
pues dijo Santo Tomás:
de débiles es caer
y de fuertes emprender,
y de fuertes emprender,
levantarse, y no caer más".
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