martes, 21 de agosto de 2018

Recuerdo escrito de mi Papá (4)

Hoy, por no andar muy sobrado de tiempo, os voy a dejar 2 poesías cortas...



     HAY QUE ADQUIRIR
          EXPERIENCIA

    No todos aprenden bien
lo que el vivir les enseña,
algunos tienen la sien
para asimilar, pequeña,
y tras el menor vaivén
se les va toda reseña,
pues que faltos de memoria
y por tanto de experiencia,
su ignorancia es bien notoria
sufriendo la consecuencia.

           --------------


      PASA EL TIEMPO

    Si por los años tú ves
que blanquean mis cabellos,
signo inequívoco es
que aparecen los destellos
del hombre que mes a mes
envejece igual que ellos,
y aunque los tiña tan bellos
que un mozo veas después,
al arrastrar ambos pies
se notarán los resuellos.



Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)

martes, 14 de agosto de 2018

Recuerdo escrito de mi Papá (3)

Más de un@ deberíamos aplicarnos el cuento... ¡Ostras, yo el primero!

Con vuestro permiso me la dedico...



                    LA ILUSIÓN

    He decidido contaros una historia
en la que tuvo su parte el dios cupido,
que llevo retenida en la memoria
por habérmela contado un conocido.

    Dos amigos, muy amigos, desde niños,
llegada a la edad de adolescentes
con sus gracias, con sus juegos, y sus guiños
conquistaron a dos chicas muy decentes.

    Pasado algún tiempo desde el día
en el que ambos empezaron relaciones,
uno de ellos obligado marcharía
con sus padres a vivir a otras regiones.

    Si la ausencia es la madre del olvido
en este caso cumpliose la sentencia,
pues el joven apartado y distraído
con el tiempo olvidole la querencia.

    Mas ser joven sin tener un amorío
en el pueblo o lugar que se divierte,
es prohibirle al valiente un desafío
desear que la fortuna tenga suerte.

    Pues según a su amigo le contaba

con misivas que escribía alegremente
a una joven hermosa enamoraba,
le decía muy alegre y confidente.

    Con elogios y piropos desmedidos

rellenaba con su pluma los papeles,
que aguantaban con paciencia muy sufridos
los pinchazos que les daba tan crueles.

    El amigo que leía y releía

y volvía a leer muy asombrado,
no acertaba a comprender lo que veía
en las cartas de su amigo enamorado.

    "Es el cielo en este mundo, -le decía-,

es la gloria en el infierno, estoy seguro,
es el Sol en plenitud de mediodía,
es un ángel del Eterno, te lo juro.

    Es la sal que sazona los manjares

delicados, que mantienen nuestras vidas,
que sin ella los microbios a millares
llenarían de ponzoña las comidas.

    Es la luz cuando nace la alborada,

que sin pausa y creciendo en sus destellos
es ejemplo de mi alma enamorada
que se crece sin pararse, como ellos.

    Son caricias sus miradas, como diosa,
que al fijar sus bellos ojos en las cosas
las hechiza y las transforma candorosa
y las llena de color como a las rosas.

    Son tan dulces sus palabras, que el oído

transportado a las regiones celestiales
de repente se ve absorto y embebido
de sonidos y de notas musicales.

    Si el hada en su efigie es perfecta

y en su rostro representa la hermosura
la mujer que yo quiero es indefecta,
pues el hada ha copiado su figura.

    Con el brillo que despiden estos ojos

nuestro cosmos encendido ya estuviera,
si no fuera porque siempre sus antojos
amortiguan el poder que Dios les diera.

    Amapolas en un fresco amanecer

son los lóbulos de su rostro angelical,
yo los miro y no acierto a comprender
la belleza que no tienen otra igual.

    Son sus labios de un color no definido,

que ni rojo, ni amarillo, ni rosado,
son producto del ingenio entretenido
de las ninfas que lo hubieran dibujado.

    El color de su tez siempre es moreno,

no precisa del Sol los rayos vivos,
pues al Sol le darían color de heno
los destellos que ella mana reflectivos.

    Con el negro relucir de sus cabellos

y los rizos que ellos tienen por natura
no es posible que haya otros como ellos,
pues resaltan y engrandecen su hermosura".

    El amigo entusiasmado iba leyendo

y leyendo y releyendo la escritura,
y en secreto en su interior iba diciendo:
"¿es posible en mi amigo tal ventura?

    Nunca supe que en mí fuera mentiroso,

y en verdad que la duda a mi me aprieta,
puede ser o no ser tan venturoso,
puede ser que en el juego me entrometa".

    Y perplejo en un mar de confusiones

el amigo decidió verlo más claro,
y al que fue con sus padres a otras regiones
escribiole con un poco de descaro:

    "Con el tiempo que ya hace no nos vemos

bien podrías invitarme a esos lugares,
y tranquilo tú y yo nos contaremos
nuestras dichas, alegrías y pesares.

    Y pesares que a lo visto tú no tienes

según veo en tus noticias celestiales,
sólo cuentas en tus cartas parabienes
de los pocos que gozamos los mortales".

    "¿Son verdades, son quimeras, ilusiones?

-se decía y repetía muestro amigo-,
quiero pronto yo aclarar estas cuestiones,
pues presente voy a ser un buen testigo".

    Si más pronto recibiera la respuesta

más contento y más ufano se pusiera,
desde el día que le hiciera la propuesta
cavilaba pensativo a su manera.

    Y emprendiendo el viaje sin demora

pues para ello le cedieron vacaciones,
recibido a la llegara fue a su hora
asombrado por tan gratas impresiones.

    La ilusión de su amigo manifiesta

se veía sin reparos, con euforia,
bien vestido, como en un día de fiesta,
como alma satisfecha ya en la gloria.

    Atraviesan por las calles la ciudad

caminando en dirección bien definida,
pues previsto ya estaba en realidad
el lugar en dónde ver su prometida.

    Los amigos en cuestión tienen su nombre

aunque esto yo lo hubiera silenciado,
si ahora lo manifiesto no se asombre,
sin quererlo se me había olvidado.

    Uno es Pedro, el otro Juan, bien recordado;

el primero que se nombra el visitante,
el segundo es el joven deseado
por la joven, ese ser tan fulgurante.

    Y llegados al lugar donde se instala

el amor de ese Juan privilegiado
le decía: "Mira Pedro que zagala
a través de los lienzos y el bordado".

    Y diciendo estas palabras se volvía

dirigiendo hacia un balcón los ojos claros,
y a través de los lienzos se veía
aquel rostro con perfiles algo raros.

    "Si no tengo yo más luces Juan amigo

de es rostro, de ese cuerpo, de ese talle,
nunca podré jamás ser buen testigo
y prudente habré de ser en el detalle".

    "Cuando veas esta tarde su figura

de paseo como siempre es su costumbre,
maravillas tu verás en su hermosura
y apagada quedará tu incertidumbre".

    "¿Y al salir de paseo vas con ella?

"No, que sale bien cogida de su madre
y también la acompaña la doncella,
y otras veces con su hermano y con su padre".

    "¿Cómo puedes decirme que es tan bella,

tan gentil, tan hermosa y delicada,
si es difícil desde aquí demos con ella
y en la calle la verás muy distanciada?"

    "Yo lo intuyo, amigo Pedro, lo imagino,

la ilusión me desvela, me arrebata,
desde lejos yo la veo, lo adivino
y me da una impresión muy noble y grata".

    "La ilusión que uno toma es la que quiere

muchas veces Juan amigo, no me extraña
que las cosas las transforme, y las sugiere
a su antojo y su capricho, y nos engaña".

    "Esta tarde la veremos, ¡vive Dios!
que si sale de paseo con quien sea,
aseguro que tú y yo, juntos los dos,
probaremos si es muy guapa o es muy fea".

    Apostados los amigos en la zona
con el fin de averiguar lo que pudieren,
empezaron ver salir de la casona
a la moza que con ansias verla quieren.

    Decepción para Pedro es lo que vieron;
alegría para Juan lo que sugiere;
desengaño que los dos no compartieron;
entusiasmo en el segundo que la quiere.

    Pero Pedro desligado de ilusiones
le decía al compañero con ternura,
"Juan, ¿que no ves, a poco que reflexiones
que es muy basta y es muy rara su figura?

    Permíteme viejo amigo que te diga
que un junco o una escoba mal vestida
yo observo en el talle de tu amiga,
y además jorobada y encogida.

    Por las trazas que yo veo, y no me engaño,
es bien coja de ambas piernas o ambos pies,
se apoya para subir un peldaño
y de ambos lleva un pie casi al revés.

    Si se afeita o no se afeita no lo sé,
pero obsérvala con calma y verás
que si lleva mal peinado su tupé
lleva largos los bigotes además.

    Con un ojo mira el otro y está claro
que, a no ser por estorbarlo la nariz,
le diría uno al otro sin reparo,
¿cuándo limpias tus legañas, infeliz?

    Es una cara tan flaca y tan menguada
que mirando a través de una mejilla
se vería la otra parte iluminada,
aunque fuera con la luz de una cerilla.

    Ya no sigo Juan de Dios en mi porfía,
pues mostrando los defectos de tu amada
creerán que me declaro en rebeldía
las mujeres que bien son una monada.

    La ilusión es el sostén de nuestras vidas
y no nos deja ver las cosas como son,
las miramos y las vemos contenidas
en el marco en que se envuelve la ilusión".


Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)

martes, 7 de agosto de 2018

Recuerdo escrito de mi Papá (2)

Aquí va una sobre moralidad...



DIÁLOGO ENTRE LA HONRADEZ
Y LA MALDAD

    Se encontraron una vez
en cierta parte del mundo
la maldad y la honradez,
y hablaron con sensatez
y con sentido profundo.

    Pues las dos coincidieron
con razonamiento serio,
que aunque no lo previnieron
actitudes repartieron,
pues ese era su criterio.

    Porque lo que honrado no es
según el comportamiento
con la maldad es cortés,
y sea antes o después
con ella hay entendimiento.

    Las partes no son iguales
en el reparto que hicieron;
la honradez tomó retales
que valen pocos caudales,
y que muy poco crecieron.

    La maldad tomó sin tino
lo que quiso para si,
y al igual que un torbellino
domina con desatino
cuanto tenemos aquí.

    La honradez con sus migajas
nunca levanta cabeza,
pues por no robar alhajas
no le alcanzaban las "rodajas"
y siempre estaba en la pobreza.

    Dice estar siempre contenta
con lo que toma o le dan
y nunca pasa una afrenta,
pues ella no se atormenta
con los pecados de Adán.

    Con saludable estrechez,
con la conciencia tranquila
siempre vive la honradez,
y puede con altivez
decir que a nadie aniquila.

    Mas no es así la maldad
que se ufana y se rebela,
nunca tuvo caridad
con nadie en la humanidad
y a cualquiera desmantela.

    Engaña al rico y al pobre,

al que es grande y al pequeño,
al que le falte o le sobre,
engaña con oro y cobre,
que ese fue siempre su sueño.

    Atropella sin piedad,

siempre quiere la razón,
destruye la sociedad,
y tal es su ceguedad
que ya perdió el corazón.

    "Bien, el reparto lo hicimos"

-dijo un día la honradez-,
"¿y por qué no corregimos
lo que entonces repartimos
con tan poca sensatez?".

    Y la maldad con orgullo

respondió: "¿¿qué tú no ves
que es verdad de perogrullo
que aunque sólo de un capullo
más pobre seré después?".

    "Tú no engañas, tú no matas,

siempre vas con lealtad,
tú ni robas ni maltratas,
con tus conductas sensatas
¿quieres rentabilidad?".

    "Haz como yo que no miro
quienes son los engañados,
y a cualquiera le retiro
en menos que da un suspiro
todos los bienes ganados".

    "Eres leal, eres buena,
¿de qué sirve en la vida?,
te lo digo como suena,
si no tomas cosa ajena
¿cómo te verás crecida?".

    Pero la otra, la honradez,
que no le falta bravura,
con valor, con altivez,
y hablando con sensatez
le dijo con amargura:

    "Sigue y anda tu camino,
que en el correr de la vida
tú no vales ni un comino,
porque siempre es un desatino
tener el alma perdida.

    Pues tú misma lo pregonas,
que  andando con tus afanes
de tener mucho blasonas,
y engañando lo amontonas
aunque un ochavo no ganes.

    ¿No te da vergüenza, di,
que media humanidad, más,
porque es más de media, sí,
no tenga un maravedí
y tú todo lo demás?

    ¿Y nunca te da un sonrojo
que muera de hambre la gente
porque te das al despojo
en tu capricho y antojo
de robar impunemente.

    Rectifica, es tu deber,
pues dijo Santo Tomás:
de débiles es caer
y de fuertes emprender,
levantarse, y no caer más".


Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)

jueves, 2 de agosto de 2018

Recuerdo escrito de mi Papá (1)

En gran medida fue, en los tiempos en que mi padre comenzó a escribir, cuando nació en mí la misma necesidad que a él se le había planteado: dejar parte de sus vivencias y pensamientos para los que viniéramos detrás.

Sin duda, la escritura nos permite plasmar lo que sentimos o pensamos en un cierto momento, como lo puede hacer la palabra hablada. Pero tiene varias particularidades añadidas que le dan un valor único: te permite ser más reflexivo y menos impetuoso o desmedido y deja un legado para el trascurso de tiempo.

Desde este momento quiero retomar un trabajo que dejé aparcado hace alrededor de 20 años cuando comencé a escribir un precario blog de aquellos que se podían hacer por aquel entonces. No recuerdo ni cual era la dirección ni tengo idea de si podría recuperarlo de algún modo. Por ello voy a comenzar de nuevo.

Me gustaría compartir con vosotr@s algunos de los escritos de mi padre, todos ellos editados en algunos libros que mi hermano se encargo de publicar. Para mí será recordarle un poco más, para vosotros una oportunidad de conocerle.
Hay que tener en cuenta que estos escritos los comenzó a realizar tras su jubilación. Durante su vida anterior, trabajando, manteniendo una familia, quizá le fue imposible realizarlo. Posiblemente encuentres algunos de ellos muy infantiles, otros muy simples y otros anticuados en cuanto a su trasfondo, pero os puedo asegurar que me siento enormemente orgulloso de la labor que realizó, sobretodo teniendo en cuenta el nivel de estudios al que pudo llegar durante su juventud.

Con todo mi cariño y en su memoria... Comenzamos!!!


DE LOS MAYORES

    Si llegando a cierta edad
veis que arreglo documentos,
averiguo mi pensión
más algún emolumento,
y vengo a los pensionistas
buscando un rato de asueto
para distraer el ocio...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si jugamos a las cartas,
o en el billar me entretengo,
o al dominó, o a las damas,
o un libro para leerlo
en este oasis de paz...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si doy la vuelta a los puentes
con todos mis compañeros
voy mirando escaparates,
y aquí y allá me entretengo
agotado de cansancio...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si me flaquean las piernas
y voy medio contrahecho;
si me apoyo en dos bastones
porque caminar no puedo
llevado siempre del brazo...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si encorvado me veis ir
por no resistir el peso
de los años que en mi espalda
dan cuenta de mi trasiego,
y no puedo enderezarme...
¡Por Dios no me llaméis viejo!

    Si ya nos tiemblan las manos
y nos blanquea el cabello,
y tenemos cataratas
que a dos pasos ya no vemos,
y nuestra dicción es torpe...
¡Por Dios no nos llaméis viejos!

    Porque viejos no lo somos,
el corazón nuca es viejo,
el corazón siempre os ama,
el corazón es travieso;
no se puede envejecer
que nuestro amor es eterno.

    Se quiere a las amistades,
se ama a los a compañeros,
y el amor flota en el aire
y siempre queda el recuerdo.

    Por eso viejos no somos,
nosotros somos abuelos,
abuelos para los hijos,
abuelos de nuestros nietos,
tío abuelo del sobrino,
que el cariño que os tenemos
nunca puede envejecer
porque el amor es eterno.

    Viejos no lo somos nadie,
todos somos los abuelos,
con un corazón tan grande
que desborda nuestro pecho.


Poesías y Memorias, Julio Pérez Calatayud (ISBN: 978-84-612-3664-0, 2008)